24 horas por los desaparecidos

En conmemoración del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, la Alcaldía Mayor de Bogotá, a través de su Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, y Reconciliación Colombia, realizarán una jornada de 24 horas en nombre de las personas afectadas por este delito. La cita será en el Parque Nacional, los días 29 y 30 de agosto, de 12 del mediodía a 12 del mediodía. En este espacio se realizará la lectura de cartas dirigidas a desaparecidos, y se invitará a la ciudadanía a responderlas con el fin de fortalecer la solidaridad, mantener viva la memoria y visibilizar este flagelo. Esta actividad se llevará a cabo de la mano de organizaciones sociales, fundaciones, sector académico, sector privado y entidades públicas.

El proceso inició con un ejercicio colaborativo de escritura de cartas que involucró a familiares de víctimas de desaparición forzada. Se desarrolló un taller de escritura con el colectivo Conexiones Anónimas en el que se produjeron 13 cartas, que fueron distribuidas en diferentes puntos de la ciudad, permitiendo su lectura por parte de diferentes públicos.

Esta iniciativa reunió a los familiares de desaparecidos del Palacio de Justicia, del Ejército Nacional, de ejecuciones extrajudiciales, de secuestrados y excombatientes.

La desaparición forzada se convirtió en un fenómeno que permeó la historia del conflicto interno colombiano. Se han registrado aproximadamente 83.000 casos a lo largo del territorio nacional.

El Día Internacional de las Víctimas de Desaparición Forzada se conmemora el 30 de agosto y busca que la sociedad se solidarice con los familiares de las víctimas de este hecho victimizante, y fue declarado en 2010 por la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Para descargar las cartas, puedes dar click acá: CARTAS 30 DE AGOSTO

 

Tejiendo historias

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Siempre escribo de las vueltas de las vacaciones. Es que hay hay algo en ese reencuentro con lo de siempre, que me encanta. Porque es “lo de siempre”, pero mirado distinto. Como si la distancia de los días y los kilómetros develara algo nuevo en lo de todos los días. Nos fuimos de casa una madrugada de invierno. Con estrellas, niebla y mucho, mucho frío. Los árboles, pelados, sin miras de una primavera cerca. Todavía había luna. Ellas, en pijama y llenas de lagañas, entendían que empezaba el viaje y no se durmieron hasta cuatro horas después. Los primeros mates arrancan con la linterna del celular, y el cielo empieza a clarear muchos kilómetros después de haber tirado, una vez más, toda la yerba en mi lugar.

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