OBRA ARQUITECTÓNICA

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“Es una obra que emerge de la tierra y del agua para convocar la memoria del dolor que no debió ocurrir y que no debe repetirse; y también para evocar la memoria de causas y búsquedas que no puede eludirse”. Así resumió Darío Colmenares, asesor del concurso, el sentido del diseño arquitectónico que se presentó el 26 de febrero de 2009 en un evento realizado en el auditorio del Archivo de Bogotá.
La Sociedad Colombiana de Arquitectos fue invitada por la Secretaría de Gobierno de Bogotá a organizar el concurso para seleccionar el diseño arquitectónico del Centro de Memoria y para ello conformó un jurado de altas calidades que eligió, entre cuarenta y un proyectos, la propuesta presentada por el arquitecto Juan Pablo Ortiz.

En palabras de Juan Pablo Ortiz, el edificio es un monumento a la vida, a las víctimas y a la esperanza de un futuro en paz. La estructura más visible es el “monolito” de entrada que simboliza la “tierra sembrada de memoria”, y que emerge para recordarnos a millones de personas desterradas por la violencia sistemática que ha padecido Colombia en las últimas siete décadas; centenares de miles de ellas han llegado a Bogotá. Esa estructura se erige en materiales inspirados en la técnica de la “tierra pisada”, que se utilizó en Colombia desde tiempos tempranos de la Colonia, y está conformada por veinte anillos que representan los doscientos años de construcción de Nación, identidades, culturas y derechos desde la revolución de Independencia hasta ahora.

Memorial por la vida 7En el monolito se encuentran cien ventanas que caen como las lágrimas de esta sociedad sumida en la violencia, pero también como fuentes de luz que llegan al Centro de Memoria para rendir homenaje a las víctimas, a sus sueños y a la búsqueda de una sociedad sin violencias y en paz.

Al edificio se ingresa descendiendo por los cuatro puntos cardinales y lo primero que se halla en las paredes interiores del monolito, en la línea que ilumina las ventanas, es el resplandor de 2.012 botones de vidrio que contienen tierra y mensajes entregados por miles de personas, entre ellas muchas víctimas, para convocar a la memoria por la vida, los derechos humanos y a una sociedad no violenta.

Esta obra arquitectónica se distingue por haber incorporado desde el principio un concepto participativo. Cada momento de su ejecución fue acompañado de la acción colectiva de la ciudadanía, y las víctimas invitadas para aportar ideas y simbólicos puñados de tierra.

Esta perspectiva de inclusión social fue sustentada por el arquitecto desde la presentación del diseño al concurso mencionado. En sus palabras, “[…] el proyecto arquitectónico tiene en cuenta desde sus primeros bocetos conceptuales, los criterios de sostenibilidad social, entendiendo la sostenibilidad social como la capacidad que tiene el edificio de generar relaciones equilibradas de interdependencia entre la arquitectura y los grupos sociales involucrados. Para ello, durante su construcción, el proyecto plantea tejer relaciones afectivas y de significado con las víctimas de la violencia. En este sentido, se realizarán acciones sociales durante el desarrollo de la obra que consistirán en ceremonias específicas, donde se recibirán aportes voluntarios de tierra hechos por las familias y las agremiaciones de las víctimas, los cuales se encapsularán en recipientes de vidrio junto con una voluntad de paz escrita. Una vez terminada la construcción del monolito, estos aportes formarán parte integral de su espacio y la presencia de estos tubos de cristal completará su arquitectura”.

Aportes colegios- Memorial por la Vida y los Derechos HumanosLos aportes para la memoria y la paz fueron realizados durante el proceso de construcción del edificio en ceremonias y eventos participativos. En la base de datos y documentos que guarda los registros de esos aportes, se encuentran seis mil fichas o mensajes que han sido entregados en homenaje a personas, o que recuerdan eventos de violencia y violaciones a derechos humanos o a las normas del Derecho Internacional Humanitario. En las bases de datos sobre víctimas de homicidios y desapariciones forzadas ocurridas en medio del conflicto armado y la violencia sistemática, se incluyen más de cuarenta mil registros sistematizados por el proyecto “Colombia, nunca más”. También se han sistematizado registros aportados por los familiares de los desaparecidos, secuestrados, por organizaciones de sindicalistas, periodistas, mujeres y víctimas de la Unión Patriótica. Igualmente, forman parte de este memorial por la vida, incrustado en los muros del Centro de Memoria, más de mil aportes testimoniales entregados por organizaciones sociales, de víctimas, de derechos humanos y paz. Se incluyen las memorias del proceso participativo de construcción de políticas del Centro de Memoria, y se le da un lugar especial a la memoria de los tres mil seiscientos ciudadanos que desde el año 1827 al 2000 fueron inhumados en ese predio del Cementerio Central y exhumados en el proceso de construcción del Centro de Memoria.
Centro de memoriaLos espejos de agua que enmarcan el edificio simbolizan paz y bajo su protección se encuentran los espacios destinados a exposiciones, salas de reunión, centro de documentación, oficinas y un auditorio para trescientas veinte personas.

Los patios que bordean los salones invitan a los visitantes y dan iluminación y transparencia, destacándose en el eje central un camino marcado por tres nogales que forman parte de la flora de la región desde hace doscientos cincuenta mil años, y que simbolizan la esperanza.

El Centro de Memoria ocupa cuatro mil metros cuadrados de los cuarenta mil del Parque de la Reconciliación, y se comunica por caminos con la plaza de eventos hacia la calle 26 o a la zona de reflexión frente a los columbarios