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  • Lanzamiento libro: “Desaparecidos” Everardo Martínez

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    01Colombia y México: dos países que comparten el dolor de los Desaparecidos

    Desde México llegan al Centro de Memoria, Paz y Reconciliación 43 cuentos, 43 relatos, 43 corazones, 43 ecos, 43 desaparecidos. Una  obra desgarradora que narra ejemplos de la difícil situación de desaparición forzada que vive el pueblo mexicano y que sin duda es dolorosamente conocido y sentido por el colombiano.

    Bogotá, diciembre 9 de 2016. Siendo la desaparición forzada uno de los hechos victimizantes más dolorosos que ha dejado el conflicto, con un total de 60.630 personas desaparecidas en el país; el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación trae el lanzamiento del libro “Desparecidos” del joven escritor mexicano Everardo “Perro Rabioso” Martínez, como una de sus actividades en la Ruta de los Derechos Humanos que se desarrolla entre el 5 y el 10 de diciembre en diferentes escenarios.

    El libro de Everardo Martínez, es simplemente desgarrador; cada vuelta de página es un golpe a la conciencia y la razón; te duele, te carcome, te sangra, y nunca termina. A cada vuelta de página encuentras nuevas historias, con los mismos finales desgarradores, finales que flirtean con la esperanza y con el sin sabor de una realidad que está a la vuelta de la esquina.

    “Perro Rabioso” Martínez narra cuarenta y tres historias de personas que un día simplemente no volvieron, se esfumaron en situaciones comunes como el niño que se pierde en el mercado o el hombre que sale a comprar algo y no vuelve; hasta sonados casos como el de Ayotzinapa, donde un grupo de estudiantes desapareció en confusas circunstancias.

    En paralelo, Colombia no es ajena a los hechos que se presentan en este libro, al encontrar en sus historias, los acontecimientos de muchos colombianos que, de manera similar o igual, no volvieron a sus hogares y familias. Actualmente, en el país, se tiene un reporte de 60.630 personas desaparecidas en los últimos 45 años en el marco del conflicto armado.

    Durante el lanzamiento, Everardo “Perro Rabioso” Martínez habló sobre la forma como le impresiona que en el proceso de elaborar su tesis de maestría sobre violencia y el proceso de Iguala Guerrero, la mayoría de su documentación es sobre Colombia y todos los procesos de desaparición, de violencia, de cómo la gente afronta el miedo. “Es jodido ver la realidad de Colombia, pero también lo es ver que en México no se está hablando de esto. Que en las calles se diga, sí hay violencia, pero chido, podemos seguir viviendo, están violentando al de allá, no a mí. Esa es una de las razones más importantes para traer el libro acá y es que este libro ha logrado hacer puentes con la gente, logra mover algo”, aseguró el autor.

    Sin duda Colombia y México comparten diferentes puntos comunes de lo que están viviendo como sociedad actualmente, es posible identificar que la desaparición forzada asociada principalmente  a dictaduras militares  y regímenes totalitarios, hoy está pasando y no tiene una relación directa con este tipo de gobiernos. “Tenemos un reto impresionante como sociedad para reconocer que es un delito que es vigente, que es una modalidad de violencia que está pasando acá, en México y en sociedades que se creen democráticas, y eso debería sorprendernos y sacudirnos mucho”, aseguró Mónica Márquez del Centro Nacional de Memoria Histórica.

    Para el caso colombiano, como también lo es para el caso de Ayotzinapa México, las familias de las personas dadas por desaparecidas han sido fundamentales en el reconocimiento de estos hechos y de lo que ha ocurrido con sus seres queridos. En Colombia el primer caso reportado como desaparecido data de los año 1977, y es solo hasta el 2000 cuando se logra que exista la Ley que tipifica la Desaparición Forzada como delito. Las organizaciones de familiares son quienes han llevado en sus espaldas toda esta lucha por dignificar, por hacer memoria y por ser reconocidas jurídicamente.

    Uno de los ejemplos de ese tipo luchas son los diferentes procesos que desde el Colectivo Beligerarte se han adelantado, tal es el caso de Pueblo Bello (Antioquia) en donde en compañía de algunos familiares de los 43 campesinos desaparecidos de esta población, realizaron un mural en el que se muestra lo que eran, lo que simbolizaban estas 43 personas para sus familiares, se representó la identidad campesina de estas personas “En este proceso lo que buscamos fue reivindicar el nombre y la vida de estas personas. Fue un mural conmemorativo de la vida rural allí representado para reivindicar el nombre y la honra de estas personas”, explicó Emilio Torres del colectivo Beligerarte.

    De esta manera el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación abre un espacio a la búsqueda de escenarios comunes en las que no solo primer el reconocimiento del ser parecidos con el otro, sino de acciones que conlleven a la dignificación, el recuerdo y la denuncia de estas prácticas como actos condenables. “Quisimos para esta Ruta de los Derechos Humanos, en el marco de la conmemoración del 10 de diciembre, visibilizar a la desaparición forzada debido a la importancia que tiene para Colombia reconocer las cicatrices que ha dejado el conflicto en miles de familias. Es también una invitación al respeto de la Vida como Derecho fundamental para la construcción de la paz”, aseguró Carolina Albornoz, coordinadora del Centro de Memoria, Paz y Reconciliación de la Alta Consejería para los Derechos de las Víctimas de la Alcaldía de Bogotá.

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  • La memoria de las Policarpas

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    libro_policarpaSi hay un barrio con historial de lucha en Bogotá desde su  misma pila baustismal es el Policarpa. El “Pola” como se le conoce más popularmente. Y no es que no haya en la ciudad suburbios con tradición combativa en defensa de sus intereses.

    Pero nacer hace 52 años, en pleno centro de la ciudad, a pocas cuadras incluso del Palacio presidencial y tras una invasión de centenares de destechados sometidos a una masacre que dejó cuatro muertos, no es cosa de poca monta.

    Toda esa rica historia de los viviendistas del “Pola” aparece hoy narrada en el libro “Barrio Policarpa Sallibro_policarpaavarrieta”, en una compilación de María Elvira Naranjo quielibro_policarpa n trabajó con un equipo de estudiantes y profesores de la Universidad Nacional.

    La obra,  que habla de este medio siglo de resistencia, fue presentada ayer 27 de agosto en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación que atiborró el salón principal de eventos.

    “El barrio Policarpa nos muestra otra dimensión, la de la lucha de sus mujeres y no solo el horror de la tragedia, por la defensa de los derechos humanos y la construcción de comunidad”, dijo Alejandra Gaviria en su saludo al acto en nombre del Centro de Memoria.

    Se trataba de eso. Un homenaje a las mujeres del “Pola” que organizaron y le dieron vida al proyecto que echo raíces en la ciudad y se convirtió por más de medio siglo en un referente de compromiso social en toda la ciudad.

    Nueve mujeres recibieron de otras nueve congéneres, un tributo a su dedicación representado en un sencillo collar  con un corazón como emblema, el mismo que entregaron para poder lograr un techo digno para sus familias. Como lo hicieron decenas de trabajadoras en esos años fundacionales de los sesenta.

    El libro recoge sus testimonios con la sencillez de quien siempre le asistió la razón. Precisamente en la mesa estaban las Policarpas, Ana Ricarda Góngora, Ana Ruth Castellanos, Lilia  Chica de Franco, Mercedes Corredor, Teresa Moreno, Meny de Ortiz, Estela de Contreras, Sofía Plazas y Alicia Vargas.

    Y el recuerdo activo de la Central Nacional Provivienda, y su líder Mario Upegui, que por décadas organizó a los destechados y contribuyó por todos los medios a que miles desplazados de la violencia, a los desheredados de decenas de ciudades contaran con sitio propio y digno donde vivir.

    Al final de la confraternidad sellada en una de las batallas por los derechos a la vivienda más expresivas de la historia social de Bogotá, el concierto de los Hermanos Escamilla, fundadores también del “Pola”, con toda esa música que hizo vibrar al barrio en tantos y tantos actos de su afrimación

    La memoria de las Policarpas está viva y su barrio, siempre popular, perdurará por siempre.

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