Hace 30 años fue asesinado el magistrado Hernando Baquero

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El 31 de julio se conmemoró su asesinato en un atentado que dejó dos muertos y tres heridos, entre ellos la esposa del magistrado.  En protesta renunciaron todos los jueces de Bogotá

Hernando Baquero Borda se salvó del holocausto del Palacio de Justicia. El 6 de noviembre de 1985, siendo magistrado de la Corte Suprema se encontraba en un curso de informática jurídica cuando un comando del M-19 asaltó el alto tribunal. En la retoma militar, perecieron más de cien personas, entre ellas once magistrados.

Sin embargo, ocho meses y 25 días después de los hechos del Palacio de Justicia, el 31 de julio de 1986, Baquero Borda sería asesinado por la banda de Los Priscos a órdenes de Pablo Escobar. Al magistrado se le cobraba su firmeza por mantener el tratado de extradición en la Corte.

Cuando Baquero Borda se dirigía en su automóvil a la Corte Suprema, varios sicarios en moto, que lo esperaban a pocas cuadras de su residencia, situada en el noroccidente de Bogotá, en la intersección de la calle 125 con transversal 55, lo atacaron a tiros de ametralladora y pistola.

El magistrado, que  iba sentado en la parte trasera del carro,  un Renault 18, al lado de su esposa, alcanzó a lanzarse del vehículo por la puerta izquierda, pero según testigos fue rematado en el suelo por uno de los sujetos. En el hecho murieron dos personas,  un escolta y un transeúnte, mientras que la esposa del jurista, Susana Sampedro,   recibió varios impactos en el hombro derecho y en una mano.

Era padre de cuatro hijos, Hernando, Silvia, Helena y Ana María Baquero Sampedro.

En el atentado murieron el escolta Luis Ernesto Arana y Humberto Bolívar Botía, un joven de 17 años que transitaba por el lugar. Quedaron heridos, también, el policía Ramiro de Jesús y el chofer del magistrado, Pablo Parra.

El crimen del magistrado de la Corte Suprema sumió en el desconcierto y la tristeza a los jueces, magistrados y funcionarios de la Justicia, y motivó un enérgico llamado por parte del entonces presidente Belisario Betancur Cuartas, para formar una muralla contra los violentos y sus actividades terroristas.

La protesta organizada por los empleados de la rama judicial, agrupados en Asonal, que dirigiera Jaime Pardo Leal, de inmediato se hizo sentir. El 1 de agosto, por primera vez en la historia judicial del país, cesaron sus labores todos los jueces,  las salas y tribunales sin excepción en el país.

El presidente de entonces, Belisario Bentacur, que no logró aclimatar la paz tras los acuerdos de la Uribe con las FARC, veía cómo la justicia seguía siendo víctima de las acciones terroristas de todo tipo.

Ya el 30 de abril de 1984, su ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla había sido asesinado por órdenes de los  llamados extraditables. Barco, quien reemplazaría a Bentancur en agosto de 1986, vería también la debacle de la justicia con otro ataque frontal: la muerte violenta de una comisión judicial en La Rochela, en enero de 1989.

Pero su mandato no pudo impedir los peores atentados contra la izquierda y el propio liberalismo, con el magnicidio de los candidatos presidenciales Luis Carlos Galán, Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro. La impronta de violencia no cesaba en el país.

En 1994, El Tribunal Administrativo de Cundinamarca sentenció al Estado como responsable del homicidio de Baquero, entonces miembro de la Sala Penal del máximo tribunal de justicia ordinaria, y lo condenó a pagar una millonaria indemnización a su familia.

A su juicio, la muerte de Baquero se produjo por una falla en el servicio: Baquero no iba en un vehículo blindado ni tampoco tenía la suficiente protección oficial.

El crimen de Baquero Borda, como lo han señalado sus hijos en el Canal Capital por estos días, en el programa sobre el verdadero Pablo Escobar, sigue en la impunidad.

Hernando Baquero Borda (der.) tomando posesión como procurador para asuntos penales ante el procurador general Carlos Jiménez Gómez, en octubre de 1982. / Archivo El Espectador