15 años de la desaparición de Darío Betancourt. Recordar es vivir.

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Escrito por:

Sebastián Flórez Herrera.
Estudiante Historia – Universidad Nacional de Colombia.
Practicante,  Centro de Memoria, Paz y Reconciliación.

“Ha perdido Colombia, y de qué forma, a muchos de sus mejores hombres y mujeres y recientemente, el turno macabro le tocó a la inteligencia.” Javier Guerrero Barrón

A Darío Betancourt, el de la novísima historia1

Este miércoles 30 de abril se conmemoran 15 años de la desaparición del profesor Darío Betancourt Echeverri, uno de los principales y más dedicados investigadores de la violencia y el narcotráfico en nuestro país, quien con sus letras y su práctica pedagógica afronto la noble tarea de interpretar críticamente la historia de nuestro país comprometiéndose con su transformación. Con este articulo queremos traer a la memoria colectiva el recuerdo y con este los aportes del profesor Darío enfocándonos más en su persona que en los trágicos hechos relacionados con su desaparición.
Darío nació en el municipio de Restrepo, Valle del Cauca, el 10 de Diciembre de 1952 y vivió su niñez en el campo y en el pueblo. Sus hermanos lo describen como una persona dedicada y de gustos simples2. Resaltan su personalidad curiosa, de la que ideó una caja que se amarraba al cuerpo con la que vendía dulces cigarrillos frente al teatro Damasco en su pueblo.
Restrepo es tristemente célebre entre los del Valle del Cauca por sus altos niveles de violencia3. Por esta su abuelo ponía bolsas de arena en la puerta y recomendaba dormir boca abajo por temor a las balas que pudieran venir de afuera4. Situaciones como estas, ente muchas otras, definirán en gran medida el compromiso y el interés investigativo de Darío.
Desde joven dedicaría su vida al pensamiento crítico como estudiante de la Universidad Nacional, de la Universidad Santo Tomas y de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París donde era candidato para recibir el doctorado. En 1986 entra a la Universidad Pedagógica Nacional como profesor catedrático donde ejerció hasta el día de su desaparición. Parte de sus investigaciones las dedico a la enseñanza y divulgación de la Historia, publicando el libro La enseñanza de la Historia a tres niveles con relación a este tema y dejando otro pendiente con su amigo y colega Renan Vega Cantor. Sus estudiantes recuerdan de estas investigaciones, y sobre todo de su práctica pedagógica, como insistía en fortalecer el vínculo del investigador con el territorio, instándolos permanentemente a “untarse de tierrita”5.
Su campo de investigación se desarrolló alrededor de la violencia y las mafias desde un enfoque comprometido con la historia regional. Defendía la importancia de este tipo de estudios en el contexto de un mundo globalizado “porque, según decía él, ante todo aquello termina por reafirmarse lo vernáculo, lo local, lo regional, lo nacional y la identidad cultural”6.
Resultado de su experiencia investigativa con la vivencia del territorio planteó importantes aportes en relación a la construcción de memoria. Tras una reflexión crítica de su propia práctica en su último libro plantea que “no es solamente lo que cada cual cuenta de una experiencia del ayer; es también el develamiento de la relación de ese individuo con esa experiencia”7. De aportes como estos se reafirma el compromiso de Darío con una Historia como disciplina que se construye desde lo humano, desde la experiencia vivida y transformadora de quienes investigan y son investigados.
Mediadores, Rebuscadores, Traquetos y Narcos: Valle del Cauca, 1890-1997 es el título que llevaba su último libro, el cual constituiría un fragmento de su tesis de doctorado trabajada con Daniel Pécaut en la Escuela de Altos estudios en Ciencias Sociales de París. Muchos de sus compañeros, amigos y familiares no dudan en señalar que muy seguramente el contenido de este libro esta relacionado con las causas de su desaparición el 30 de abril de 19998.
¿Cómo fue su desaparición?

“Recuerdo sus últimas palabras: “No sé si mañana pueda asistir a la marcha del primero de mayo, porque tengo que ir al sepelio del profesor De Plaza (un colega que acababa de fallecer) y además tengo una salida al Valle del Cauca. De todas maneras, si no nos encontramos mañana nos vemos la otra semana”. Pocas horas después, Darío fue secuestrado y luego asesinado a sangre fría.”9 De esta manera recuerda lo sucedido aquel viernes el profesor Renan Vega Cantor, quien compartiera con Darío además de una amistad, una carrera y formación profesional similar coincidiendo en varias universidades como estudiantes y docentes.

Ese viernes 30 de abril, hace 15 años, Darío salió de la universidad alrededor de las cinco de la tarde y se dirigió a un lugar en el barrio Galerías llamado el Patio del Arte para encontrarse con algunos amigos. Sin que pasara mucho tiempo salió de allí para su casa en el Park Way, un trayecto de no más de diez minutos, y en algún punto de este fue abordado y desaparecido. Por las características del caso (iba conduciendo su carro, la hora y el día implican concurrencia de gente, etc.) el abogado y hoy electo representante a la cámara Alirio Uribe plantea que es posible presumir un operativo muy sofisticado, en el que con seguridad participaron varios vehículos, para bajarlo del suyo y conducirlo al lugar donde iba a ser retenido10. Lo último que se supo del carro Renault 4 rojo de Darío fue que paso por un peaje alejándose de Bogotá11.

Posteriormente hubo información posiblemente relacionada con su paradero en una casa en el departamento de Córdoba que fue objeto de un allanamiento con resultados negativos. No obstante, se encontraron entre estantes, libros y notas, tres dibujos hechos por un niño donde se puede ver un hombre de barba amarrado con cadenas a una cama12. Material que pese a ser insuficiente para entablar acciones judiciales, no llamó la atención de las autoridades encargadas de la investigación como indicador de que algo sucedía en el entorno de ese niño.

Tras una intensa búsqueda de amigos, estudiantes, compañeros y familiares, el 4 de Septiembre de 1999 cuatro meses después de su desaparición, los restos de Darío fueron encontrados por un campesino en Choconta, municipio cercano a la capital.

Desde el momento mismo de su desaparición se organizaron brigadas de búsqueda que a cualquier indicio de su paradero asistían con la esperanza de encontrarlo. También se intento dar mucha visibilidad a su caso con charlas, foros, mítines, etc. Esfuerzos todos que contrastan con la ligereza con la cual fueron presentadas las noticias sobre la desaparición de Darío por parte de periódicos como El Tiempo o El Espectador. Tristemente la violencia como una constante de nuestro país normaliza estos hechos lamentables; la noticia no tuvo mayor resonancia en estos medios y se presentó como una más, perdida entre la publicidad y los acontecimientos varios, ante la cual cualquier lector desprevenido podría haber pasado desapercibido.

1999 es un año negro para las universidades colombianas y el país entero. Además de la tristeza generada por el asesinato de Jaime Garzón (quien fuera estudiante de la UN), Colombia tuvo que afrontar la desaparición del estudiante Alexander Acuña de la Universidad del Atlántico, el atentado contra director del IEPRI Eduardo Pizarro Leóngomez, el asesinato de los profesores Hernán Henao, Jesús Antonio Bejarano y la desaparición y posterior asesinato de Darío Betancourt.

Hacer memoria frente a su caso, y frente a tantos otros, constituye una labor sustancial para lograr erradicar esta violencia de nuestro país y nuestras universidades. “Darío Betancourt forma parte de la legión de historiadores que sin proponérselo, constituyen la comisión de la Verdad contra la ignominia, para que la historia no se repita.”13. 15 años pueden ser mucho o poco desde donde se mire, sin embargo hace apenas hace dos años la Universidad Pedagógica revivía momentos tristes de este tipo con las amenazas contra la vida de Renan Vega Cantor y el profesor Adolfo Atehortua (quien como Darío lo hizo, ocupa el lugar de Director del Departamento de Ciencias Sociales).

A Darío se lo llevó la violencia que con esfuerzo se encargo de comprender por medio de sus investigaciones. Fueron Mediadores, Rebuscadores, Traquetos y Narcos los que segaron su vida, sin embargo su aporte desde el pensamiento critico a la historia de nuestro país permanece a la mano para tomar el lugar que merece en las universidades de Colombia.

Fuentes:
Javier Guerrero Barrón. A Darío Betancourt, el de la novísima historia. En: Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura. N° 26, Bogotá 1999
Hagamos Memoria. Asesinato del profesor Darío Betancourt. Canal Capital 2014. Consultado en: http://www.youtube.com/watch?v=Pc5_-ndiKDY el 22 de abril de 2014.
Gilberto Loaiza Cano. Darío Betancourt Echeverry. In memoriam Historia critica N. 19. Universidad del Rosario. En: http://historiacritica.uniandes.edu.co/view.php/423/1.php consultado el 23 de abril de 2014
Renan Vega Cantor. El dolor ronda la Universidad Pedagógica Nacional. Consultado en: http://prensarural.org/spip/spip.php?article7892 el 23 de abril de 2014
Periódico El Tiempo. 4 de Mayo 1999.